Desde el nivel preventivo es imprescindible la necesidad de apostar al desarrollo de acciones educativas que le permita a los niños y niñas conocer, respetar e interpretar su cuerpo, reconocer las diferencias entre las caricias cargadas de afecto y las que les perjudican, pero, sobre todo, entrenar en las habilidades sociales que les permita afrontar situaciones que los ponen en peligro, enseñándoles a decir No y generando confianza recíproca con sus padres o cuidadores. En el caso de las adolescentes, educar para la sexualidad constituye un elemento fundamental y prioritario en la formación integral de la personalidad, por lo tanto, se requieren de acciones mancomunadas entre la escuela y la familia para aumentar la autoestima, fomentar la percepción del riesgo, desarrollar habilidades blandas para la adecuada toma de decisiones sobre su salud y su sexualidad y sobre todo, capacitarlas para que sus elecciones no perjudiquen o retrasen significativamente sus metas y sueños.
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